Tres formas de ver la libertad financiera

El camino hacia la libertad financiera no es una línea recta.

Podemos observar diferentes formas según nuestras prioridades personales, momento vital o necesidades.

Y es que los tres factores principales que determinan este proyecto (salud, dinero y tiempo) juegan un papel crucial a la hora de configurar este proyecto vital.

Continuando con el tono reflexivo del artículo anterior donde comentaba algunas ideas sobre la vida y la inversión, en esta ocasión me centraré más en tres formas diferentes de afrontar la libertad financiera y las ventajas y desventajas que podemos encontrar en cada caso.

Vamos allá.



1. Modo vintage: trabajar y ahorrar/invertir

La primera que vamos a ver es la más tradicional de todas y por la que opta la mayoría de la gente.

Se trata simplemente de ahorrar e invertir todo lo posible a lo largo de un periodo más o menos largo de nuestra vida.

Hay una gran cantidad de libros que describen cómo esta forma de ver la libertad financiera es la más segura. Se me ocurren ahora mismo el Millonario de la Puerta de al Lado de Thomas J. Stanley o La Bolsa o la Vida de Vicky Robin. En estos libros podemos encontrar diferentes consejos y estrategias para conseguirlo.

Esta forma de ver la libertad financiera no consiste más que en ahorrar e invertir una parte de nuestro salario hasta llegar a un punto de equilibrio en donde nuestras inversiones puedan cubrir todos nuestros gastos mensuales. A partir de ahí podemos hablar de independencia financiera.

La principal ventaja de esta forma de ver la libertad financiera es que es más o menos pasiva ya que vamos invirtiendo en piloto automático todos los meses con una tasa de ahorro que sea suficiente para acelerar el proceso.

Para ello aplicamos varias estrategias en nuestro estilo de vida como son la frugalidad o el minimalismo financiero.

En esta tabla del blog Mr. Money Mustache podemos observar las tasas de ahorro y los años que nos faltarían para conseguir la independencia financiera:

En cuanto a las desventajas quizá la más importante sea precisamente el tiempo necesario para conseguirlo. Como hemos visto en la tabla anterior no es fácil llegar a un cierto grado de independencia financiera si nuestra tasa de ahorro es baja.

Pero también corremos el riesgo de que intentando aumentar la tasa de ahorro se llegue a un punto donde habría que sacrificar actividades o experiencias importantes para nosotros. Más tarde nos podríamos arrepentir de no haber vivido más experiencias positivas por ahorrar.

También es posible que, una vez que hemos llegado a ese punto de equilibrio (o incluso cuando lo hemos sobrepasado), queramos trabajar más para tener más.

De nuevo a costa de un tiempo muy valioso que podríamos estar dedicando a otras actividades si lo deseamos.

Por esta razón es tan importante saber cuánto es suficiente para nosotros y conocernos. Esa cantidad suficiente no es la misma para todo el mundo ya que depende de nuestro gasto, de nuestros hábitos de ahorro y de nuestra capacidad para invertir.

2. Modo entrepreneur: la vía rápida del millonario

Hay quienes no tienen la suficiente paciencia para esperar lustros hasta conseguir la independencia financiera.

Lo de ahorrar mes a mes e invertir con la esperanza de un futuro lejano y más próspero no va con ellos.

Normal.

Con 80 años, queramos o no ya nos queda menos para disfrutar de la independencia financiera sobre todo si tenemos problemas de salud. Lo que nos falta entonces no es dinero, es tiempo y salud.

Para atajar el asunto existe lo que da título al libro de MJ DeMarco y que denomina La vía rápida del millonario.

Este modo consiste en crear un negocio que pueda generar ingresos pasivos o bien que pueda venderse por una cantidad que sea suficiente para retirarnos.

Las ventajas de esta forma de acceder a la libertad financiera son obvias: generar un producto o servicio que ayude a los demás a cambio de un flujo constante de ingresos o venderlo con ganancias importantes.

De esta manera aceleramos el proceso ya que estamos dejando de intercambiar nuestro tiempo por dinero como ocurre con un empleo.

Los ingresos ya no dependen del tiempo y esfuerzo que dedicamos a una determinada actividad ya que se producen aunque no movamos un dedo.

La idea es fantástica.

En su libro De Marco reflexiona acerca de este punto de vista y cómo se distingue del sendero tradicional creando activos o negocios, normalmente digitales que se puedan escalar…

¿Hasta el infinito y más allá?.

A pesar de estas ventajas importantes también debemos reconocer que no es tan fácil. Simplemente, no siempre se dan las condiciones para ello.

Es cierto que podemos poner mucho tiempo, esfuerzo y ganas pero con más frecuencia de la que nos gustaría una buena parte de los negocios que se inician no llegan a buen puerto o al menos al puerto de asegurarnos la libertad financiera.

Y no pasa nada. Es lo normal.

Tampoco debemos desdeñar el valor motivador que tienen libros como la Vía Rápida del Millonario. Eso sí, una dosis de realismo también es necesaria para que las buenas ideas no nos defrauden del todo.

Para aquellos que no tienen prisa y quieren aprovechar el momento, existe una tercera forma.

3. Modo carpe diem: basado en experiencias

Una tercera forma de ver la libertad financiera es centrándose en las experiencias.

Más que el dinero, lo importante es el tiempo y la salud con las que contamos para vivir momentos inolvidables.

En este caso la cuestión más acuciante no es el cálculo del número de la libertad financiera o cómo aplicar la regla del 4% a mis inversiones o cuántos años podré vivir sin tener que trabajar.

No.

Aquí lo que importa es cuántos años nos quedan por vivir y de ellos cuántos con una calidad de vida suficiente para disfrutar y aprovechar todo lo que podamos nuestra salud y nuestro dinero.

El autor e inversor Bill Perkins lo expone de una manera muy gráfica en el título de su libro Morir con Cero. Nos invita a que una vez hayamos llegado a un punto de patrimonio máximo, vayamos gastando todo nuestro dinero en experiencias para crear recuerdos que se irán acumulando con el tiempo.

Y cuanto antes empecemos a vivir esas experiencias mucho mejor ya que estas crearán a su vez “dividendos de recuerdos” que se van acumulando año tras año cuando las recordamos.

Esta forma de ver la libertad financiera es muy interesante ya que nos hace poner el foco más en la vida que nos rodea y en aquello que más nos importa aquí y ahora.

El dinero, siendo importante también, pasa a un segundo plano y adquiere el papel principal que le corresponde: el de herramienta para conseguir esas experiencias que deseamos vivir.

Sin embargo, este tercer punto de vista, con todo su mérito, conlleva un riesgo importante.

Y es que podríamos dejarnos llevar por las experiencias que nos propone la sociedad en general dejando de lado el estilo de vida más frugal y minimalista que precisamente nos lleva a conseguir mayor independencia económica.

Quizás mantener ese equilibrio prudente entre lo que gastamos y lo que ahorramos o invertimos para la libertad financiera sea la clave.

Conclusión

En realidad estas tres formas de ver la libertad financiera muchas veces se entrelazan.

Al final en un proyecto a largo plazo como es este, hay momentos donde nos podemos inclinar más hacia un lado o hacia otro del triángulo.

Lo importante es que mantengamos la flexibilidad y la sabiduría para saber cuando hacerlo.

Y ése es el desafío que tenemos por delante…

Un abrazo

Inversor Novel

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También he escrito dos libros disponibles en Amazon que podrían interesarte: Rumbo a la libertad financiera y El Pequeño Libro del Inversor Novel.

2 comentarios en «Tres formas de ver la libertad financiera»

  1. Hola Inversor Novel!
    Me ha gustado mucho el enfoque que describes en este artículo. Personalmente me identifico más con la primera, las otras las veo un poco menos realistas aunque lo de aprovechar el momento también me parece muy sensato. Hace tiempo que te sigo y quería felicitarte por toda la información que das.
    Saludos

  2. Muchas gracias por tu comentario. Somos muchos los que nos identificamos con la primera pero carpe diem tiene mucha fuerza!
    ¡Saludos!

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