La necesidad de dieta informativa al invertir

Este artículo aborda el problema que significa para un pequeño inversor navegar por las aguas de la inversión en medio de un mundo atestado de datos, opiniones, gráficas y números.

Es necesario estar informado pero no sobreinformado.

Aquí os contaré mi proceso inversor personal y veremos cómo la mejor solución es reducir nuestra exposición al exceso informativo.

Vamos allá.



Qué es la dieta informativa

Podemos definir la dieta informativa como la limitación que nos imponemos a la hora de consumir noticias. Esta restricción voluntaria es muy necesaria en todos los ámbitos pero sobre todo a la hora de invertir.

La saturación de noticias que existe hoy en día a través de todo tipo de canales conlleva una sobreabundancia informativa que paradójicamente nos puede llevar a estar más desinformados.

Esto se debe a que nuestra capacidad de atención es limitada, y los sucesos importantes pueden diluirse en los eventos accesorios de cada día.

La dieta informativa no consiste en dejar de estar informados sino en que las dosis de información que recibimos sean suficientes y necesarias para invertir de manera eficaz.

Falta de coherencia informativa

Cuando empecé a invertir, hace seis años, pasaba horas todos los fines de semana leyendo artículos sobre actualidad económica e inversión.

Al final nunca sacaba nada en claro.

Tenía la sensación de que todo iba demasiado deprisa; lo que era válido la semana anterior ya no lo era a la siguiente.

De repente se desata una guerra comercial entre potencias y lo cambia todo. O unos bancos centrales suben tipos de interés. O aparece una pandemia. O estalla una guerra.

Todo eso solamente citando algunos eventos de calado, dejando a un lado los pequeños sucesos que van configurando la evolución de los mercados cada día.

Tampoco podía basar mis decisiones de inversión en las opiniones de presuntos expertos, gurús o influencers.

Un mismo día encontraba a uno argumentando a favor de invertir en una determinada empresa y al mismo tiempo otro afirmando lo contrario.

Así resultaba muy arriesgado invertir, a ciegas, sin faro ni brújula.

Se me ponen los pelos de punta cuando compruebo, después de un tiempo, cómo los pronósticos pasados han errado de manera tan escandalosa.

Para el inversor que hubiese seguido esos consejos ya era demasiado tarde y habría perdido dinero.

Para el presunto experto todo resultaba un teatro del que sacar tajada aprovechando el momento.

El mensaje era claro: siguiendo al rebaño que escucha a los expertos de turno era muy difícil conseguir un mínimo de rentabilidad para mis ahorros.

Y ¿ahora qué?

Se abrían dos caminos posibles: la inversión activa y la inversión pasiva.

La inversión activa

El primer libro de inversión que leí fue el Inversor Inteligente de Benjamin Graham.

Casi nada, aunque fuera un inversor novel, no iba a ser menos.

Tras leerlo comprendí que una inversión seria y rigurosa requería de un estudio cercano de empresas y negocios.

Era una cuestión de tiempo y esfuerzo.

Eso estaba muy alejado de mis inquietudes personales por lo que decidí que este tipo de inversión no era el más indicado para mí.

Para invertir bien de esa manera había que saber no solamente en lo que se invertía sino que además debía estar atento a noticias sobre las empresas objetivo y la evolución de los mercados tanto en invierno como en verano. A todas horas.

No había descanso ni vacaciones ya que Mr. Market como lo llama Graham no cierra.

Este movimiento continuo favorece la generación de noticias en todo momento, algunas más acertadas que otras pero de poca ayuda para invertir de forma sensata.

Valorando mis posibilidades e influido por los comentarios certeros y sabios a lo largo del libro del periodista financiero Jason Zweig pensé que debería dirigir mi mirada inversora hacia otro tipo mucho más tranquilo de inversión: los fondos indexados.

La inversión pasiva

La inversión pasiva con fondos indexados representaba para mí la mejor solución. Podía conseguir una rentabilidad más que decente a largo plazo, tenían una elevada diversificación y eran baratos además de otras cosas.

Para conocer mejor sus entresijos leí “Cómo invertir en fondos de inversión con sentido común” de John C. Bogle y Los cuatro pilares de la inversión« de William Bernstein”.

Sus autores alertaban de la inutilidad de las noticias y cómo como los inversores de largo plazo no debíamos prestarle demasiada atención.

Al fin y al cabo los cracs bursátiles forman parte del ciclo natural de la inversión.

Siempre cometemos errores al invertir, es inevitable, pero afortunadamente armado con la información de estos libros en un momento temprano de mi viaje como inversor, evité caer en algunos tropiezos graves.

Este libro lo cambió todo. https://amzn.to/34NKr3M

Al invertir resulta mucho más importante mantener una actitud estoica ya que los mercados son algo que no podemos controlar.

Por eso es mejor evitar una exposición excesiva a las noticias económicas o bursátiles.

Es la forma más efectiva de prevenir emociones extremas como el miedo y la codicia que pueden afectar negativamente nuestra inversión.

Por supuesto esto es mucho más fácil escribirlo que hacerlo pero el esfuerzo merece la pena.

«Incluso el inversor inteligente es probable que necesite de considerable fuerza de voluntad para no seguir a la multitud»

– Benjamin Graham

Aunque nuestra preferencia sea hacia una inversión pasiva siempre hay factores que dependen de nosotros.

Algunos importantes donde podemos influir son qué tipo de activo elegimos, cuánto dinero invertimos y en qué momento, así como las comisiones.

El problema del sesgo de confirmación

Otro problema de la sobreinformación es que tendemos a buscar y consumir aquella que más favorece nuestras inclinaciones inversoras.

Como en otras facetas de la vida nos gusta que nos den la razón. Eso puede funcionar a corto plazo, sobre todo cuando las cosas van bien.

Pero cuando las cosas se tuercen ya es otra cosa. Al final la realidad se impone y los cantos de sirena quedan al descubierto.

Carecer de espíritu crítico hacia nuestra inversión nos impide reconocer los errores y buscar soluciones.

Si reconocemos que nos queda mucho por aprender entonces sentiremos la necesidad de educarnos mejor y buscar la mejor información posible.

Dónde encontrar información sólida

Después de las líneas anteriores puede dar la sensación de que es mejor encontrarnos en un páramo informativo.

Nada más lejos de la realidad.

Lo que ocurre es que es mucho mejor preservar nuestro valioso tiempo y energía para buenos libros, blogs, podcasts o incluso vídeos de Youtube.

La información de calidad en este campo es muy abundante y más que suficiente para llevar a buen puerto nuestra inversión.

De esta manera ponemos los primeros peldaños que nos lleven a conseguir más libertad financiera dejando que el resto se entretenga persiguiendo precios y activos de moda.

Nosotros a lo nuestro.

Conclusión

Las malas noticias son las que se difunden más rápido.

No es casualidad que muchos vídeos virales de Youtube anuncien que lo peor está por llegar, etc.

No es que vaya a ser así, claro que no, simplemente buscan nuestra atención.

Es el tipo de contenido que genera más visualizaciones y desencadena emociones que no nos convienen en absoluto.

Nosotros más bien debemos guiarnos por el famoso refrán de los montañeros, “sin noticias, son buenas noticias”.

Al final las noticias están diseñadas para su consumo inmediato que está justamente a 180º del lugar donde nos encontramos nosotros: invirtiendo a largo plazo para nuestra libertad financiera.

Un abrazo.

Inversor Novel

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2 comentarios en «La necesidad de dieta informativa al invertir»

  1. Hola, yo también hago dieta informativa y me ahorro mucho tiempo dejando de escuchar tonterías. Buen artículo.
    Un saludo

  2. Muchas gracias Ismael por pasarte a comentar.
    Saludos!

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